Abro la ventana, dejo que la suave brisa nocturna roce mi piel descubierta. Me cuesta sostenerme, observar la distancia que hay entre la barandilla que sostiene mi peso y el suelo me produce vértigo. Pero no tengo miedo, a pesar de lo que pueda aparentar. Sólo siento la adrenalina que impregna mi corazón y lo hace latir furioso.
El teléfono que no para de sonar, se transformó en un sonido lejano. Me concentro en el que proviene del exterior, del pasar de los autos, de los entes caminantes que parlotean con intensidad. ¿De qué hablarán? ¿Qué tienen sus vidas de interesante que no tiene la mía? ¿Alguien estará esperando por ellos al final de su destino? Son preguntas que no sé responder y nunca lo sabré.
Necesito brazos tibios que me saquen de esta situación, que tomen mi mano y me lleven hasta un pecho en el cual refugiarme. No puedo decidir por mí misma, porque todo lo que constituía mi ser se desintegró. No queda nada de mí. Esos brazos se fueron.
Todo el calor que poseía mi cuerpo se fue disipando con el correr del tiempo. Todo se convirtió en frío, en oscuridad. Todo lo que ocurre a mi alrededor ya es ajeno a mí. Y no tengo posibilidades de salir de este pozo profundo en el que caí.
Dejo un pie suspendido en el aire, y no se siente tan mal. La temperatura del exterior concuerda con la corporal. Me inclino hacia adelante y sólo puedo observar luces en movimiento. Es un buen paisaje.
¿Qué tan mal puede salir ?
Mi respiración se normaliza, se va acostumbrando poco a poco a la situación. Siento tranquilidad. Al fin y al cabo, todo lo que no tengo aquí en este momento, me espera en otro lugar. Lugar que desconozco, pero estoy dispuesta a renunciar a todo lo que los demás consideran vida, por ello. Porque no hay vida dentro de mí, sólo signos vitales que marcan mi condición de ser vivo.
De pronto los latidos de mi corazón se hacen lentos, muy lentos. Todo se paraliza. Me dejo caer al vacío.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro quebradizo. Hace tiempo que no ocurría algo semejante. Sé que lo que se avecina es mejor. En este mundo nadie espera por mí, pero al que voy sí.
Mis pulmones se llenan de aire por última vez, como si fueran a estallar, mis párpados se cierran..
Volveré a ser yo una vez más, con aquello que este mundo arrancó de mí.
El teléfono que no para de sonar, se transformó en un sonido lejano. Me concentro en el que proviene del exterior, del pasar de los autos, de los entes caminantes que parlotean con intensidad. ¿De qué hablarán? ¿Qué tienen sus vidas de interesante que no tiene la mía? ¿Alguien estará esperando por ellos al final de su destino? Son preguntas que no sé responder y nunca lo sabré.Necesito brazos tibios que me saquen de esta situación, que tomen mi mano y me lleven hasta un pecho en el cual refugiarme. No puedo decidir por mí misma, porque todo lo que constituía mi ser se desintegró. No queda nada de mí. Esos brazos se fueron.
Todo el calor que poseía mi cuerpo se fue disipando con el correr del tiempo. Todo se convirtió en frío, en oscuridad. Todo lo que ocurre a mi alrededor ya es ajeno a mí. Y no tengo posibilidades de salir de este pozo profundo en el que caí.
Dejo un pie suspendido en el aire, y no se siente tan mal. La temperatura del exterior concuerda con la corporal. Me inclino hacia adelante y sólo puedo observar luces en movimiento. Es un buen paisaje.
¿Qué tan mal puede salir ?
Mi respiración se normaliza, se va acostumbrando poco a poco a la situación. Siento tranquilidad. Al fin y al cabo, todo lo que no tengo aquí en este momento, me espera en otro lugar. Lugar que desconozco, pero estoy dispuesta a renunciar a todo lo que los demás consideran vida, por ello. Porque no hay vida dentro de mí, sólo signos vitales que marcan mi condición de ser vivo.
De pronto los latidos de mi corazón se hacen lentos, muy lentos. Todo se paraliza. Me dejo caer al vacío.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro quebradizo. Hace tiempo que no ocurría algo semejante. Sé que lo que se avecina es mejor. En este mundo nadie espera por mí, pero al que voy sí.
Mis pulmones se llenan de aire por última vez, como si fueran a estallar, mis párpados se cierran..
Volveré a ser yo una vez más, con aquello que este mundo arrancó de mí.